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EL CUERPO Y LA MENTE

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Dice uno de los presupuestos más importantes de la Programación Neurolingüística que nuestro cuerpo y nuestra mente forman parte del mismo sistema. Nuestra fisiología corporal acompaña a nuestros pensamientos, es decir, relajar nuestro cuerpo nos ayuda a estar centrados en el presente, olvidando el pasado y dejando de lado el futuro.

En oposición al pensamiento causa-efecto, la Programación Neurolingüística es, como bien sabemos, de origen sistémico. Sostiene que como seres humanos formamos parte de varios sistemas, y cualquier comportamiento o cambio de estado puede influir en el conjunto de los sistemas de los cuales formamos parte.

Si hoy tuvieras un mal día en tu trabajo, no solo estarías afectando al resto de los integrantes de ese entorno, sino que también llegarías a tu casa con un estado determinado, afectando indirectamente a tu familia. Tus amigos se preocuparían por ti, si eso se repitiera continuamente. Inevitablemente, un cambio de  entorno o sistema afecta los demás.

Indefectiblemente el cuerpo afecta a la mente y la mente al cuerpo. Los pensamientos negativos y reiterativos pueden afectar a muchas funciones del cuerpo. Por ejemplo, la preocupación suele manifestarse con dolores en el estómago, la ansiedad y el miedo en el sistema circulatorio y respiratorio.

Una idea de contenido emocional muy intenso puede alcanzar el inconsciente. Si éste la acepta, dicha idea permanece produciendo los mismos síntomas una y otra vez, creando un patrón de reacción permanente.

cuerpo mente EL CUERPO Y LA MENTE

Una mención aparte merece la relación sistémica entre nuestros pensamientos o estados internos y la fisiología. Formamos nuestras representaciones internas a partir de lo que vemos, oímos o sentimos. Estas representaciones condicionan nuestros estados de ánimo, que se expresan en la fisiología. Una persona triste tendrá los hombros caídos, la cabeza gacha, el tono de voz lento y apagado; por el contrario, alguien estresado tendrá la respiración rápida, torácica, los músculos en tensión, los ojos saltones. Poniendo atención podremos percibir la fisiología, propia o ajena, y de esta manera determinar el estado interno y cambiarlo. Por ejemplo, si nos encontramos abatidos, lo mejor será erguir la espalda, levantar la vista, alzar los hombros. Esta posición alejará el estado disfuncional y predispone a la acción. Por el contrario, hay momentos en que estamos eufóricos, “acelerados”, y nos cuesta sentarnos a estudiar o hacer cualquier actividad que requiera alguna concentración. Entonces, es conveniente sentarnos,  bajar la cabeza y  tomar conciencia de la entrada y salida del aire, lo que ayudará a hacer la respiración más lenta y recobrar la calma.

El  concentrarse en  sensaciones de reposo y somnolencia, alejando imágenes y diálogo interno, puede ayudar al insomne. Si estamos demasiado absortos en nuestro discurso mental, es bueno conectarse con alguna actividad manual que exija concentración, o hacer gimnasia, o bailar. Es por esto que el cuerpo y la mente forman un todo, un sistema, en el que cualquier cambio en una de las partes repercute sobre el todo.

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