GESTION DE LAS EMOCIONES

EMOCIONES Y EDUCACIÓN EMOCIONAL
Entrevista a Axel Persello, Director de IAFI

P: ¿Se pueden controlar las emociones?

R: Bueno, empezamos con una pregunta media tramposa, o dicotómica, como si la única respuesta fuera “si” o “no”. Para responderte, tendríamos que definir la palabra control. Yo prefiero usar el término “gestión”. Sostengo que las emociones se gestionan.

P: ¿Se pueden gestionar entonces?

Risas…

R: Ok, veo el punto y no es casualidad tu insistencia. La gente quiere respuestas y soluciones inmediatas. ¿Cómo controlo mi enojo, mi miedo o mi tristeza? Creo que, ante la aparición de una emoción, existen un par de respuestas posibles, pero marcadamente dos. O te permites experimentarla o tiendes a evitarla. Hay mucha gente haciendo cosas todo el día, no paran un minuto, no quieren estar solas, y cuando veo eso me pregunto si no estarán evitando alguna emoción. En el otro extremo están los que son “tomados” por la emoción, los que caen en una depresión, o en ataques de ira, por ejemplo. Afortunadamente existe el gris, es decir, la toma de consciencia para decidir qué quiero hacer con ellas. A eso le llamo gestión.

P: ¿Cuál sería el beneficio de experimentarla?

R: Aunque la sociedad las rotule como malas o buenas, todas las emociones son funcionales, existen por alguna razón. Legitimar una emoción es el primer paso para llevarse bien con ella. Porque, al contrario de lo que se cree, cuanto más las rechaces, más te acompañarán. Todas las emociones son mensajeras, están ahí por algo. Nuestro cerebro límbico, el culpable de las emociones (risas), no se desarrolló aleatoriamente. Se desarrolló para aumentar la capacidad de supervivencia. Ésta es, a mi entender, la base antropológica por la cual sostengo que todas son funcionales y, por ende, buenas.

P: Desde la teoría, te entiendo perfecto, pero en la práctica, no está muy bien estar triste o enojado, ¿no?

R: A ver, creo que tenemos que hacer algunas distinciones. Una cosa es la emoción, otra cosa es mi relación con ella, y otra cosa es la expresión de la emoción. Yo puedo estar triste, pero mi relación con la tristeza puede ser disfuncional si le tengo miedo a la tristeza. Para mí, el miedo es el rey de las emociones. Porque tiene la particularidad de anteponerse a otras. Tenemos miedo a estar tristes, miedo a enojarnos, miedo a la melancolía, miedo al erotismo y hasta miedo al miedo. Es decir, a casi todas las emociones que condena la sociedad. Yo no veo nada de malo en estar triste o estar enojado. Es la sociedad la que lo ve mal. A los niños, cuando están enojados y hacen un berrinche, les llaman la atención o los castigan. Si están tristes, la madre le dice “no estés triste hijo”. Es decir, a diferencia de las otras especies, el ser humano es la única especie que necesita de sus padres para desarrollarse, y ahí está el problema. El problema no es del niño, es de los padres, de los maestros, y de los adultos en general. La intención es buena, pero cuestionable.

P: ¿Cuál es la función de la tristeza?

R: Si observamos a una persona triste, vamos a ver dos cosas fundamentales. El rostro y el cuerpo. La expresión del rostro, y más específicamente las lágrimas, son parte de la comunicación no verbal. Nos están diciendo que la persona está realmente triste. Es el símil de la risa en la alegría. Por otro lado, el cuerpo se mete hacia adentro, tendemos a hacernos más pequeños, a encorvarnos. Yo lo asocio a la posición fetal. De cualquier manera, el cuerpo necesita descanso y hay una tendencia al aislamiento, a la retirada, al encuentro con uno mismo. La tristeza está directamente relacionada con la pérdida. Alguien nos abandonó, o hemos perdido algo que tenía mucho valor. Hay un dicho que dice “la tristeza es la única emoción que nos muestra lo que realmente nos importa”, y yo comulgo con eso. Desde la tristeza operamos de una forma totalmente diferente a otras emociones. Lo que afirmamos en un estado emocional, podemos negarlo desde la tristeza y viceversa. En una conversación de coaching, cuando una persona se pone muy triste, sé que está por aflorar lo que realmente desea, y es común que sea lo opuesto a lo que estaba diciendo antes. Además, después de estar tristes o llorar, normalmente viene un ciclo de alegría, es como establecer un equilibrio psíquico.

P: ¿Qué pasa cuando alguien no deja de estar triste? O, mejor dicho, permanece en la tristeza…

R: Hay que dar lugar a los especialistas en algunos casos, porque una cosa es sentir la tristeza y otra es habitar de forma permanente un estado anímico de tristeza. El estado anímico sostenido en el tiempo, a mi entender, requiere de un llamado de atención. Aquí ya entramos en el terreno de la psiquiatría, porque pueden existir causas biológicas, relacionadas a los neurotransmisores, y que, obviamente no soy competente para opinar. Pero suponiendo que no fuera algo biológico, nosotros le llamamos “emociones atrapadas”, y tiene que ver con la historia de esa persona. Me surge el ejemplo del enojo. Cuando una persona creció en un hogar donde la emoción enojo o ira estaba muy presente, es posible que tenga algunos conflictos en su relación con el enojo. Por ejemplo, el papá le gritaba a la mamá. En el otro extremo, cuando el enojo estaba prohibido en la casa, la persona no aprendió a expresarlo. Lo bueno de todo lo que estoy diciendo, es que aparece la palabra aprendizaje, y lo que no aprendimos de niños, siempre podemos aprenderlo de grandes.

P: Es decir, ¿existe la educación emocional?

R: Por supuesto. El problema es como introducirla al sistema. Hay proyectos muy buenos sobre implementar la educación emocional en las escuelas. Pero el problema es que quienes van a enseñar, somos los adultos, que somos “mal aprendidos emocionales”. ¿Cómo puedo yo enseñarle a un niño lo que tiene que hacer con su enojo, cuando yo no sé qué hacer con el mío? Dijo Einstein, que la solución a un problema debe provenir de otro nivel, o sea, desde afuera del sistema. Aquí hay algo sin resolver aún. ¿Quién enseña a quién? No será que los niños puedan enseñarnos a nosotros.

P: Según lo que decís, entonces no sería posible la educación emocional…

R: No digo eso. Hay que reajustar las reglas de la sociedad. Hay un conflicto entre la función de la emoción y la norma social. Hay que romper un paradigma en el cual estamos sumergidos. Esto va a llevar años. Hasta que no sea bien visto que alguien se enoje, que alguien llore o que alguien se excite, habrá conflictos. No me puedo imaginar una sociedad donde esto, sea bien visto. Estamos condenado por nuestras propias reglas. En este momento están pasando dos cosas que llaman a despertar: el aumento infernal de antidepresivos que muestran las estadísticas, y el interés, cada vez mayor, de las personas por saber más sobre el tema emocional. Eso me da optimismo.

P: ¿Piensas en una sociedad donde la gente se pueda enojar cómo se le den las ganas?

R: En absoluto. No podríamos sostener reglas básicas para constituirnos como sociedad. Pienso en términos de grises. Ni guardarnos el enojo ni matar al de al lado. Poder expresarlo en forma educada, pero expresarlo. Hoy día si te enojas con tu jefe, si tienes suerte, solo te suspende. Hoy día si lloras en la oficina, es vergonzoso. Si dices que tienes miedo, te tratarán como cobarde. Si le dices a una persona: “¿Sabes?, acabo de excitarme”, con toda naturalidad, probablemente se ponga muy incómoda. Solo está permitido decir “Estoy muy alegre”. Así como lo hacemos con la alegría, deberíamos poder decir o expresar lo mismo con todas las emociones.

Axel Persello es Director del Instituto Americano de Formación e Investigación (IAFI)

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